A propósito del documental

Cabecera_A proposito de¡Dejadme llorar!”, el genocidio olvidado surgió como proyecto documental en plena movilización de las víctimas del franquismo y las asociaciones de memoria contra el desamparo político, jurídico e institucional que sufren desde hace décadas. Paradójicamente, este abandono se incrementó al comienzo de esta década, tras el tímido avance que supuso la Ley de Memoria Histórica durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

El juez Baltasar Garzón acababa de ser apartado de la judicatura y se había suspendido cualquier investigación judicial sobre los crímenes del franquismo y las demandas de las víctimas. De facto, el magistrado se convertía en la última víctima del régimen franquista. El colofón fue la sentencia del Tribunal Supremo que absolvió a Garzón pero dejó a las víctimas sin esperanza en la justicia. El Partido Popular volvió al poder en 2012 y dejó sin efecto y sin presupuesto la Ley de Memoria Histórica. Tras 80 años del golpe militar franquista y 40 de democracia, víctimas y asociaciones siguen librando una batalla desesperada por la memoria ante la indiferencia generalizada.

En aquellos momentos yo acababa de terminar el documental “La cultura vigilada”, centrado en la persecución de intelectuales y artistas por la policía política de la dictadura franquista. Me encontraba implicado en la creación y consolidación de la Plataforma por la Comisión de la Verdad y coincidí en esa tarea con cordobeses como Antonio Deza, Florentina Rodríguez Borrego o Práxedes Pérez Vargas.

En ese contexto conocí al historiador cordobés Francisco Moreno Gómez, pionero en la investigación sobre los crímenes franquistas y con una extensa obra. El compromiso de este historiador con las víctimas y con la democracia es ejemplar. Sus libros mostraban un escenario terrible sobre lo que había sucedido en Córdoba que me impactó sobremanera. Había que divulgar este drama, y me pareció que un documental que partiera de la experiencia y la mirada de Francisco Moreno Gómez sería un buen modo de hacerlo..

Los datos eran escalofriantes. Más de 4.000 personas habían sido asesinadas en la ciudad de Córdoba por los franquistas, sobre todo en los primeros años. Las víctimas fueron arrojadas a dos fosas comunes y sus restos nunca se han exhumado a pesar de los intentos de sus familias. En la provincia de Córdoba fueron asesinadas por los sublevados más de 12.000 personas.

A pesar de la magnitud del drama, me resultaba desconcertante que la sociedad cordobesa lo hubiera borrado de su memoria colectiva. La ciudad vivía de espaldas a esa realidad, y especialmente al dolor de las víctimas. Era la evidencia, como señala Francisco Moreno, de que Franco había triunfado con sus mentiras y sus manipulaciones, había logrado borrar de la memoria el recuerdo de sus crímenes.

El compromiso, apoyo y dedicación de Antonio Deza fueron imprescindibles para poner en marcha y culminar el proyecto. Antonio Deza vivió una infancia terrible sin saber que esta había sido consecuencia de los asesinatos de su padre y otros ocho miembros de su familia. Hasta que comenzó el nuevo siglo no fue consciente del alcance del drama. En los últimos años se ha ido dedicando progresivamente a la causa de las víctimas, sobre todo después de su jubilación. El documental contó con el importante apoyo de Florentina Rodríguez Borrego y Práxedes Pérez Vargas, ambas nietas e hijas de víctimas.

Me parecía especialmente necesario rescatar la historia de esas otras víctimas, todavía más olvidadas, que fueron los niños de entonces, hijos de desaparecidos, asesinados y perseguidos; cómo había sido la vida de todos ellos, marcados por una tragedia que una y otra vez se quería mantener sepultada en el olvido. Esos niños, que hoy son ancianos y que crecieron en una dictadura que les negó todos los derechos, siguen reclamando sus derechos y un reconocimiento que no llega por parte de las instituciones democráticas pese a las resoluciones de la ONU.

El trabajo se fue ampliando con la necesidad de incorporar la voz de las víctimas al relato de Francisco Moreno Gómez. La colaboración de todos ellos, sus testimonios, el apoyo de familiares, hijos y nietos embarcados en esta lucha por los derechos humanos hizo posible el documental. Primero fue un cortometraje de 15 minutos y después la película.

Los protagonistas del documental son: las víctimas que sobrevivieron a la barbarie franquista, hoy octogenarios y entonces niños; el historiador andaluz Francisco Moreno, cuyas investigaciones a lo largo de 35 años sobre el terreno realizando centenares de entrevistas a los familiares y recorriendo registros civiles y cementerios, le han llevado a concluir que puede hablarse de “genocidio cordobés”; Rafael Espino, presidente de la asociación ARMEHISA, que con su trabajo desveló los crímenes de Aguilar de la Frontera que habían estado ocultos más de setenta años; y los jueces María Servini y Baltasar Garzón. El tema principal, “Dejadme llorar”, está interpretado por Miguel Poveda, con letra de Rafael Alberti y música de Enric Palomar, que se han comprometido con esta causa cediendo los derechos de la canción.

 

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