Comienza la exhumación de los restos de la Valleja de los Muertos

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzó ayer la exhumación de la primera fosa común de víctimas de la dictadura en Casasola de Rueda. Durante los trabajos se encontró otra nueva fosa de la que se extrajeron huesos de una pierna y de la mano cuando la máquina excavadora hacía un nuevo movimiento de tierra próximo a la primera fosa. Los trabajos está dirigido por el arqueólogo René Pacheco, el historiador Alex Rodríguez y el vicepresidente de ARMH, Marco González.

La primera fosa fue localizada el pasado 2 de julio, después de varios días de trabajo por parte de los voluntarios y voluntarias de la ARMH y gracias a los testimonios de las personas de las localidades vecinas, que concluyen que hay varios puntos de enterramiento donde se espera localizar los restos de, al menos, un grupo de más de 25 personas procedentes de la cuenca minera de Sabero, que fueron trasladados en noviembre de 1937 desde la prisión de Cistierna.

Exhumación Villafranca del Bierzo

Inician en Villafranca del Bierzo la exhumación de dos represaliados en 1948.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha iniciado hoy en el cementerio de Villafranca del Bierzo (León) la exhumación de dos cuerpos, pertenecientes a una mujer y su hijo, supuestamente asesinados el 28 de octubre de 1948 por haber dado cobijo a un grupo de guerrilleros antifranquistas.

A la exhumación de Vicenta López y Jesús Camuñas, que se desarrollará entre hoy y mañana, han acudido la hija, la nieta y la bisnieta de Vicenta, que en la actualidad viven en Barcelona, según ha explicado en un comunicado la Asociación.

La tumba de Claudio está en la bodega…

Detrás de una puerta verde de madera, con el nombre de la última habitante de la casa, Manuela Macías Fernández, escrito en el dintel para que el cartero le dejara las cartas, aparece la bodega. A la izquierda se vislumbra un viejo aparador cubierto de telarañas, revistas del corazón de hace quince años esparcidas por el suelo, una balanza romana junto a la pared de piedra y un despertador carcomido sobre una repisa, parado a las tres y media. Al fondo, en el rincón más oscuro de la estancia y el más húmedo, se encuentra la tumba de Claudio.

Condenado a diez años de cárcel por participar en la revolución de 1934, amnistiado por el Frente Popular y combatiente en el Ejército republicano durante el primer año de la Guerra Civil, Claudio Macías Fernández había regresado a su casa de Villalibre de la Jurisdicción (Priaranza) en el otoño de 1937, al igual que otros cientos de milicianos bercianos, cuando el frente de Asturias se derrumbó y las tropas de Franco entraron en Oviedo y en Gijón. Soltero y de poco más de treinta años, Claudio murió posiblemente de una neumonía, mientras se escondía en su casa de las represalias que ya le habían costado la vida a su hermano Arsenio, de 16 años, asesinado por no delatarle y enterrado en la curva de la N-536 en Villalibre, a quinientos metros del pueblo.

Claudio se sintió morir y preparó su entierro. Pidió a su madre y a sus hermanas que envolvieran su cuerpo en unas mantas, lo metieran en un arcón de madera, y lo enterraran sin hacer ruido en la misma bodega de la casa para evitarles la venganza de quienes le buscaban.

Comienza la exhumación de los cuerpos de los hermanos Macías

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzó hoy los trabajos de exhumación de los cuerpos de los hermanos Claudio y Arsenio Macías Fernández, de 31 y 16 años respectivamente, víctimas de la represión franquista y cuyos restos se encuentran en Villalibre de la Jurisdicción (León). En concreto, los trabajos comenzaron por la recuperación de los restos del mayor de los hermanos, que se encuentran en una urna de madera en la que pidió ser enterrado a su muerte, situada en la bodega de su vivienda en esta localidad berciana.

El director de los trabajos de la excavación, Rene Pacheco, explicó que el trabajo de la asociación en los primeros instantes ha consistido dejar al descubierto el cuerpo para conocer su ubicación exacta, y aclaró que fue el propio Claudio Macías quien escavó en el agujero para meterse dentro. “Incluso se ven en las paredes las marcas del pico que utilizó para ello, que está situado a unos 80 centímetros de profundidad, y el cuerpo se encuentra mirando hacia arriba”, dijo.

Después de conocer la historia y la voluntad de la familia de recuperar el cuerpo, los miembros de la asociación acudieron a la vivienda en la que incluso algunos familiares desconocían el paradero de Claudio Macías. “En esta zona les decían que no pisaran porque podían caerse y lo acabaron tapando”, declaró Pacheco, que relató cómo una madera tapaba la zona donde, una vez retirada, dejaba entrever un suelo “blandito” bajo el que se encontraba la fosa.

A partir de ahora habrá que hacer un trabajo “muy lento” en el que se retirará parte de la pared para visualizar “una especie de bañera en la que está el cuerpo”, posteriormente se procederá a hacer un trabajo “de pinceles y espátulas de madera para dejar el cuerpo al descubierto”. Finalmente será el momento de documentar y dibujar para iniciar la extracción de los restos. Igualmente, la asociación cuenta con un laboratorio en Ponferrada, donde se trasladarán los restos donde, el próximo mes de noviembre, un forense llegado de Portugal analizará los restos para determinar lo que en esta ocasión ya se conoce: que se trata de los restos de Claudio Macías, que serán trasladados a Columbrianos con el resto de la familia.

Una de las sobrinas nietas, Marisele Fernández Macías, relató cómo a su tío “le clavaron un puñal en cada hombro en vida, le deshicieron la vida con un machete y luego a tiros, que fue cuando mi abuela se dio cuenta de que le habían matado”, dijo. El recuerdo genera un sentimiento de “no vivir” y provoca noches en vela “pensando lo mal que lo pasaron mi abuela, mi madre y mi tía”.

Un juez abre la puerta a exhumar los cadáveres en el Valle de los Caídos

Un juzgado de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) ha reconocido por primera vez «el derecho a la digna sepultura» de dos víctimas del franquismo y ha declarado que «procede la realización de las actuaciones pertinentes» para que sus restos sean exhumados del cementerio del Valle de los Caídos -donde fueron trasladados en 1959 desde Calatayud- y entregados al familiar que los reclama tras los análisis de ADN.

El auto del Juzgado de Primera Instancia número 2 de San Lorenzo de El Escorial, ya firme, supone que por primera vez se reconozca el derecho «a la digna sepultura» de una víctima del franquismo y que se proceda a una exhumación en el principal monumento levantado por Francisco Franco, inaugurado el 1 de abril de 1959 para conmemorar el vigésimo aniversario del fin de la Guerra Civil.

Para lograr este hito, la nieta y sobrina nieta de las víctimas, María Purificación Lapeña, y su abogado, Eduardo Ranz, agotaron la vía penal, hasta llegar a Estrasburgo, pero se encontraron con el muro que supone la imposibilidad de enjuiciar al culpable del crimen cometido. En vez de dejarlo estar, el 20 de noviembre de 2014 acudieron a la vía civil, en concreto, al procedimiento «para la aprobación y protocolización de información ad perpetuam memoriam». Tuvieron suerte, porque su demanda ha seguido adelante, pese a que la reforma de la Ley de Jurisdicción Voluntaria de 1881 fue modificada en julio del año pasado y anuló los artículos que contemplaban «la protocolización de información de perpetua memoria». Por eso, Ranz es pesimista respecto a que la vía que este abogado de 31 años ha utilizado pueda ser utilizada por los familiares de otras víctimas del franquismo.

No obstante, fuentes jurídicas consideran que la reforma operada en la Jurisdicción Voluntaria no tiene que suponer necesariamente el cierre de esta vía, ya que, aunque el procedimiento ad perpetuam memoriam fue suprimido, el artículo 1 de la norma quedó abierto a cualquier reclamación judicial sin la coletilla de las «contenidas en esta ley», lo que podría amparar reclamaciones semejantes.

Buscan en Castroncelos los restos de dos hermanos víctimas de la Falange

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Ponferrada se desplazó al cementerio de Castroncelos, en A Pobra do Brollón, para buscar los restos de los hermanos José María y Ricardo García Moral, dos vecinos de Montefurado labradores que, según los datos aportados por el colectivo, fueron detenidos por un grupo de falangistas en septiembre de 1936 y posteriormente asesinados.

Para reconstruir el caso, la asociación se amparó en los datos de una investigación que inició el juzgado de Monforte en aquellos años, después de que el padre de los dos jóvenes denunciase oficialmente el caso, algo poco habitual en la época.

Esa investigación concluyó que los dos hermanos podrían estar enterrados a cuatro metros de la pared de la iglesia de Castroncelos, fuera del cementerio y la asociación comenzó el rastreo por ese punto, pero no logró localizar los restos.

Desde el colectivo explicaron que en los años 60 se derribó el templo antiguo y se construyó uno en la misma zona pero con otras medidas y otra orientación. Probablemente, y a falta de nuevos trabajos que confirmen este término, los cuerpos de los dos hermanos podrían haber quedado debajo del nuevo templo. Ahora, el colectivo y sus descendientes buscan documentación y planos del viejo templo para concretar más la zona del enterramiento.

José María y Ricardo García eran dos labradores que formaban parte del sindicato UGT y uno de ellos hacía trabajos para Renfe. Tras ser detenidos por los falangistas y metidos en un tren con dirección a Monforte de Lemos, el convoy no llegó a la ciudad del Cabe y se paró en A Estación de A Pobra. En esa zona habrían sido obligados a bajar del tren y asesinados. Además, un vecino tuvo que trasladar los cadáveres en un carro hasta la capilla se Castroncelos.

Los datos que constan en el juzgado explican que se les hizo la autopsia y que fueron enterrados junto al templo de Castroncelos. La asociación completó la investigación y fue la familia la que solicitó la búsqueda de los restos de los dos hermanos.

Un sindicato noruego financia las exhumaciones de memoria histórica en España

Las víctimas del franquismo no son víctimas, es el mensaje que transmiten las instituciones. Cerradas las otras puertas, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) opta a las subvenciones para las asociaciones de víctimas del terrorismo y la Administración les contesta que “no representan a ninguna víctima del terrorismo”. Empresas funerarias meten el cazo en las excavaciones en cementerios municipales y envían facturas a los familiares de asesinados. Los ayuntamientos interpretan exhumaciones como “trabajos arqueológicos” y piden miles de euros a los descendientes. El Estado ni está, ni se le espera, en la recuperación de las víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista.

El verano es temporada alta para la búsqueda de abuelos, tíos o bisabuelos desaparecidos durante 70 años, debido al carácter voluntarista de este trabajo, donde forenses, arqueólogos o activistas aportan su trabajo durante las vacaciones. Todo lo demás –excavadoras, gasolina, pruebas de identificación– se paga con pequeñas aportaciones de socios o vía crowdfunding, como la que tendrá lugar el 21 de julio en el Monte de Estépar (Burgos).